La migración transnacional es un tema de agenda pública que coloca nuestro provincialismo en modo globalización. Eso que aprendimos en la escuela: que Chile era un territorio casi impenetrable, por el desarrollo, los medios de comunicación, las redes sociales, se ha hecho esponjoso y hoy ingresan extraños por todas las fronteras que dejan de ser barreras monocordes para convertirse en puentes multicolores. La migración es estimulada, necesaria, conveniente para la economía: ofrece mano de obra (cara y barata), con diversos grados de expertizaje, modos diversos de resolver problemas, disciplinas y relaciones de trabajo diferentes. Es positivo para las empresas y la vida doméstica. Con ella vienen las familias migrantes o se conforman familias mestizas o híbridas: chilena-extranjera que cambian y enriquecen la cultura. Se hace necesario entender la educación cada vez como multicultural para todos, una educación que integre pero al mismo tiempo afirme identidades interculturales: emerge una nueva familia en Chile. Hoy lo que se investiga sobre educación y migración se refiere a niños y niñas, sin embargo sobre la educación formal de los jóvenes y adultos extranjeros es inexistente. Es necesario que el Ministerio de Educación y los sostenedores municipales y particulares se preocupen especialmente de los jóvenes y adultos que estudian en educación superior, universitaria y técnica, en centros de educación de jóvenes y adultos, para generar un curriculum, una pedagogía, una gestión, que los considere como tales, los integre a la sociedad y a la educación, les afirme sus identidades originarias, promueva su derecho constitucional a la educación y se formen en oficios, como técnicos o profesionales, que reconozcan esos saberes con que llegan al país y se formen en requerimientos necesarios para el mundo laboral, con derechos, dignidad, respeto y potenciamiento de sus capacidades al servicio del desarrollo de las empresas, regiones, la sociedad, su comunidad y el país.