Parece que Sebastián Piñera será el próximo Presidente de Chile. Lo será, no sólo por sus propios méritos, sino más bien por estar ahí cuando sobrevino la debacle moral de la llamada centro izquierda (neoliberal pos dictadura). Una explicación posible de este complejo fenómeno político es entenderlo mediante la metáfora del “lauchero” de la pichanga; este jugador posee el arte de siempre estar bien ubicado para meter los goles. Mientras el resto se queja de su actitud ganadora, el lauchero celebra sus conquistas con risa burlona.

Será una victoria pírrica, en cualquier caso, pues para los próximos años quedaron instaladas reformas y discusiones que la derecha no podrá alterar rápidamente: fin de las AFPs, inicio de un proceso constituyente, educación gratuita creciente, proyectos morales en pugna, etc. En síntesis, una polarización de la discusión pública que aumentará significativamente con el paso de los años de gobierno. Un futuro complicado y de difícil conducción.

Es necesario señalar que la delincuencia - permanente slogan de campaña - tampoco acabará con la llegada del nuevo gobierno. En síntesis, su margen de capitalización político debería ser el crecimiento y una baja tasa de cesantía. Algo muy precario para un país dependiente y en un marco general de inestabilidad mundial.

Si a la otra vereda nos vamos, existen pocas posibilidades de convergencia entre el Frente Amplio y la Nueva Mayoría pues los votantes del primero son esperanzados ciudadano/as que ven en la coalición pos pinochetista una fuente de los problemas que tenemos en la actualidad. En este sentido, salvo un margen de la cúpula política del FA que se desplazará hacia Guillier como mal menor, el resto podría abstenerse en segunda vuelta.

El llamado frente antipiñerista surge como una necesidad para mantener las cosas a raya, pero es insuficiente para proyectar un horizonte programático mínimo. La razón es clara, Chile ha cambiado significativamente, la izquierda se ha fraccionado en varias partes activas y no meramente nominales y de expresión callejera. La irrupción del Frente Amplio hay que mirarlo en perspectiva histórica.

Ahora bien, es necesario remarcarlo, Beatriz Sánchez debería ser capaz de aglutinar la fuerza de los “indignados”. Es necesario polarizar posiciones con la NM y Chile Vamos. En este aspecto, surge la duda de si no hubiese sido mejor candidato de futuro Alberto Mayol. Ya es historia… lo cierto es que el FA existe con puntos suspensivos y será su obligación histórica mantener la calma ante el triunfo o la derrota.

MEO ha capitalizado de buena forma las debilidades de Sánchez y la falta de apoyo que ha hecho sucumbir a Guillier. En esta medida, se pone a la espera de una futura convergencia programática de toda la centro izquierda.

Por lo pronto, el presente indica que Chile virará hacia la derecha como posibilidad de seguridad, trabajo y crecimiento, los santos griales del imaginario colectivo y del populismo de la derecha.