En un reciente artículo publicado por la revista Phi Delta Kappan  se analizaron las diez razones que explican por qué los estudiantes copian y pegan información desde Internet, en desmedro de la producción original de textos escritos. Muchos de los motivos presentados por la autora son coincidentes con la percepción general que existe en la academia sobre ese comportamiento:

  1. Flojera
  2. Miedo
  3. Falta de confianza
  4. Creencia que las ideas de los expertos no pueden ser modificadas
  5. Dificultad para integrar el discurso de otros en el discurso propio
  6. Desconocimiento del uso de fuentes bibliográficas
  7. Falta de prolijidad entre lo leído y lo creado
  8. Incomprensión entre lo que se lee, lo que se cita textual y lo que se debe parafrasear
  9. Sensación que dicho acto es parte de un proceso de aprendizaje 
  10. Percepción que copiar y pegar está asociado a una producción colectiva de conocimiento 

Considerando la realidad local, podríamos pensar que muchos de estos motivos dependen del perfil académico de los estudiantes, pero desde mi perspectiva visualizo que varias de estas razones se sitúan en el contexto de formación, espacio en el cual los académicos podríamos aportar más activamente si resignificáramos algunas percepciones erróneas sobre este fenómeno.

Un primer aspecto que afecta el desarrollo de textos escritos originales, es la creencia que los estudiantes aprendieron a redactar en enseñanza media. Esta carencia es la más compleja de subsanar en nuestra realidad, debido a que el currículo universitario de formación general, a diferencia de otros países, no considera la inclusión de asignaturas de escritura académica. La posibilidad que nuestros estudiantes accedan a talleres o cursos enfocados a la redacción durante el desarrollo de la carrera (algo de esto  realiza el PAAU  con estudiantes de primeros años), podrían proveerles de estrategias que los ayuden a planificar la estructura de un texto (uso de la opción esquema de Word), aplicando reglas tan sencillas como enfocar cada párrafo a una (y sólo una) idea central, organizado el texto en una estructura de tres partes que considere una aserción principal, la fundamentación narrativa de la misma, junto con el cierre de la idea o su conexión con el párrafo siguiente. Dado el contexto institucional mencionado, una alternativa que puede apoyar el desarrollo de esta habilidad es evaluar los trabajos escritos, considerando la estructura narrativa que estos posean, junto con la calidad del contenido desarrollado.

Un segundo aspecto que afecta la escritura original de textos, es la creencia que nuestros estudiantes, por el hecho de usar herramientas tecnológicas, adquirieron de manera natural la capacidad de resolver exitosamente problemas de información usando Internet. Desde mi experiencia de más de veintitrés años en temas de tecnologías digitales, gran parte de ellos en la implementación del Proyecto Enlaces, y luego del análisis de múltiples reportes de competencias digitales desarrollados en Chile sobre uso de estas tecnologías en jóvenes, puedo afirmar que en general nuestros estudiantes sólo hacen un uso básico de estas tecnologías, centrando más ese uso en actividades sociales y recreativas, que en académicas. Si bien los estudiantes expresan mucha autoeficacia computacional, carecen de competencias digitales propias de la alfabetización informacional que los ayuden a generar y/o abordar preguntas originales de investigación, identificando fuentes bibliográficas confiables, que sirvan de insumos para producir escritos originales. Esta falencia podría ser abordada a través de la formación en herramientas digitales, considerando la inclusión de talleres de uso de bases de datos académicas, gestores de referencias bibliográficas y modelos de manejo de competencias de información (Ej: Gavilán, Big6).

Finalmente, es importante enfatizar que la generación de textos escritos libres de plagio, que integren ideas personales, respetando las autorías de las ideas de otros, adquirirá más sentido si logramos promover entre nuestros estudiantes “hábitos de estudios efectivos”. Apoyar el desarrollo de estos hábitos podría ayudar a comprender que la generación de escritos originales no es un proceso instantáneo, desarrollado el día previo a la entrega establecida, sino que es el resultado de un trabajo meticuloso que implica planeación, revisión y análisis permanente de lo que se escribe. La adquisición de hábitos de estudio no es una tarea simple, está mediada por el nivel de consciencia metacognitiva que cada estudiante posee sobre lo que implica aprender, junto con las estrategias utilizadas para hacerlo. Más y mejores hábitos de estudio podrían redundar en mejores logros académicos, situando la construcción autónoma del conocimiento profesional como herramienta base del desarrollo profesional continuo. Copiar y pegar desde libros o Internet no es algo por lo que debemos “apuntar” exclusivamente a nuestros estudiantes, cómo integrantes de una entidad formadora de profesionales tenemos la tarea de ampliar nuestra visión sobre este fenómeno, partiendo por situarnos como académicos en el centro del mismo y no afuera de él.

Fuentes:

  •  http://www.kappanonline.org/cleary-top-10-reasons-students-plagiarize/
  •  http://paau.ufro.cl/

 

 

Dr. Cristian Cerda

Departamento de Educación

Universidad de La Frontera

Fondecyt N°11140044