Este nuevo 5 de septiembre conmemoramos un nuevo Día Internacional de la Mujer Indígena, tal como se viene haciendo desde el año 1983, cuando en el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América, llevado a cabo Tiwanaku Bolivia, quienes asistieron lo denominaron así para visibilizar las historias, las vidas y las perspectivas de las mujeres indígenas de nuestra América o Abya Yala, como nombran a este continente los kuna, habitantes ancestrales de este lado del mundo.

Una vez más se rinde homenaje a Bartolina Sisa Vargas, la lidereza revolucionaria – declarada heroína aymara desde el año 2005 en Bolivia – que el 5 de septiembre de 1782 fue sentenciada a muerte por los Realistas, quienes la acusaron de revolucionaria por defender su pueblo, su territorio y su cultura. Bartolina fue una luchadora social de su tiempo, que reclamaba su derecho de no ser esclavizada, de poder vivir en su tierra y a practicar su cultura en el territorio de sus ancestras y ancestros. 

Hoy por hoy, doscientos treinta y siete años después de esta sentencia, cuando conmemoramos un nuevo 5 de septiembre, me pregunto ¿qué les diría Bartolina a sus hermanas mapuche racializadas y violentadas por el municipio local, ahora nombradas como vendedoras ambulantes, y situadas fuera de la norma de comercialización de productos?  ¿Qué haría Bartolina ante un gobierno local que impone normas a través de la fuerza policial, violentando a mujeres mapuche que mercadean sus productos, como lo han hecho desde tiempos antiguos? 

Al parecer, las lamgnen mapuche que actualmente resisten la imposición de ciertas normas impuestas por el mercado capitalista y luchan por seguir comercializando sus productos son las herederas de Bartolina, mujeres indígenas que en – y en toda América Latina –levantan voces y enfrentan con sus cuerpos los malos tratos del capital, el mismo que arrasa los territorios,  depredando la naturaleza, para extraer los bienes que considera recursos de consumo, para magnificar el lucro, y con ello, reproducir el sistema hegemónico y su modelo económico, que muchas veces no respeta los derechos humanos de mujeres y hombres indígenas, que perciben y vivencian el territorio desde su cosmovisión, basada en el küme mongen o buen vivir, epistemología otra, que supera la racionalidad del capitalismo financiero actual, insensible a  cualquier cosa que no sea la reproducción del dinero y el lucro. 

Por ello, al conmemorar un nuevo 5 de septiembre, solidarizamos con las herederas de Bartolina, con nuestras hermanas mapuche e indígenas del Abya Yala, nuestras maestras contemporáneas, y las acompañamos en sus luchas por recuperar sus derechos colectivos, sus territorios, el agua y el medio ambiente como bienes fundamentales para la reproducción de la vida, y  también sus cuerpos libres de todas las violencias… que al final de cuentas, son parte de los derechos humanos de quienes habitamos en este territorio.

Dra. Lucy Mirtha Ketterer Romero