Carolina Navarrete González es Doctora en Literatura y Profesora de Lenguaje y Comunicación de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Posdoctorada en Estudios Latinoamericanos en University of British Columbia, Canadá. 

Su vínculo con la Universidad de La Frontera es reciente pero significativo, actualmente es académica del Departamento de Lenguas, Literatura y Comunicación de la FECSH, donde trabaja junto a Mabel García y José Rodríguez, siguiendo el importante legado que dejó el profesor Luis de la Barra, quien hace unas semanas se acogió a retiro. 

Recientemente la editorial Cuarto Propio publicó su libro “Las afecciones de la carta, sujeto doliente y resistencia en la escritura epistolar de mujeres en Chile en los siglos XVII y XIX” que además se encuentra disponible en el catálogo de la biblioteca de Harvard, en Widener Library.

Durante toda su carrera ha demostrado un especial interés en Literatura y Cultura Latinoamericana, en Literatura Chilena, Géneros Referenciales y Cultura epistolar. Ha realizado estudios de género/mujer, ha trabajo la Epistemología mapuche, los Estudios de desplazamiento, las Políticas de la pertenencia y la Política cultural de las emociones, entre otros estudios. 

¿Qué te lleva a estudiar todas estas dimensiones? ¿Has encontrado alguna conexión entre todas estas temáticas?  

Las motivaciones que lo llevan a uno a tomar ciertos caminos no siempre son tan conscientes o aparentes, no podría decir la razón exacta del por qué me dediqué a la literatura o por qué tomé “el camino menos transitado” aludiendo al poema de Robert Frost, pero sí, puedo señalar mi dimensión afectiva, y es que estoy contentísima con mi decisión de dedicarme a las letras, con todos los desafíos que esto implica. El camino de la literatura ha sido una opción de vida, lo comencé hace más de 20 años cuando entré a la carrera de licenciatura en letras hispánicas en la PUC, con la idea de perfeccionar mi ejercicio de escritura y de conocer sobre la literatura del mundo. Para mí la escritura siempre ha sido una forma de arte, así que dedicarme a escribir, reflexionar e interpretar textos literarios ha sido una práctica privilegiada de la cual estoy muy agradecida por los logros constantes que me ha dado. Me permite estar permanentemente conectada con el mundo, la cultura, la sociedad pero también conmigo misma desde una dimensión profunda. Todas las dimensiones que he explorado a través de mi carrera profesional como doctora en literatura y profesora de lenguaje están conectadas. Por ejemplo, el área de los estudios de la mujer chilena a través de la correspondencia privada el estudio de los afectos, de la subjetividad y de la historia de la mujer a través de la escritura ha sido uno de los focos de mi investigación, de la cual surgió mi libro Las afecciones de la carta, recientemente publicado por la editorial Cuarto Propio. El estudio de los géneros referenciales es un espacio único para el acercamiento a la dimensión privada e íntima de la mujer a lo largo de la historia y para conocer la configuración de su subjetividad. A partir de este interés por estudiar las emociones y lo afectos es que me acerqué al estudio de la poesía mapuche producida por mujeres. Esta constituye un espacio literario excepcional para el descubrimiento de temáticas relacionadas con la pertenencia, el desplazamiento del territorio y la dimensión afectiva que cruza todas las producciones poéticas.

Respecto a tus  Estudios Latinoamericanos, ¿qué te lleva a estudiarlos en un país como Canadá?

Canadá se me presento como una posibilidad de perfeccionamiento académico por varias vías, una, gracias a una beca en el centro de estudios de la mujer de la Universidad de British Columbia y otra, posterior, como colaboradora del Dr. Jon Beasley-Murray en un proyecto multimodal relacionado con las humanidades digitales, el que implicó un desafío muy estimulante. En la Universidad de British Columbia también, trabajé investigando sobre las producciones literarias de mujeres mapuche en Chile, participé en coloquios, diversos congresos y comencé a delinear mis marcos teóricos de estudio. En este sentido, Beasley-Murray, ha sido un pilar en mi formación de post-doctorado, puesto que su trabajo intelectual siempre me ha parecido muy inspirador sobre todo en cuanto a la teoría de los afectos. También, trabajé en estudios latinoamericanos de una forma muy práctica, ayudando a la comunidad de latinos en Vancouver a contar sus historias relacionadas con el exilio, sus experiencias culturales, en definitiva, sus memorias, a los estudiantes de español de UBC. Este trabajo que en inglés se denomina “experiential learning” dentro del marco de “Spanish for Community” en UBC fue muy gratificante de llevar a cabo junto a la Dra. María Carbonetti, una fuente de motivación para generar estos proyectos. Mi relación con Canadá y Latinoamérica ha sido muy rica en cuanto a la investigación, al trabajo con las comunidades y también en el campo de la educación, no solo por mi experiencia haciendo clases de literatura y español en UBC, sino también porque pude explorar una faceta más tecnológica que ni yo misma sabía que tenía, con las humanidades digitales y con la creación de un ambicioso programa-libro digital de enseñanza del español para todo Canadá en colaboración con el coordinador de español Michael Dabrowski de Athabasca University. 

¿Cuál es tu vínculo actual con la Universidad de La Frontera?

Mi vínculo con la Universidad de La Frontera es reciente pero significativo. Mi primera aproximación a la UFRO fue gracias a la destacada académica de la PUC, Magda Sepúlveda, quien me comentó sobre la relevancia de esta universidad pública en los estudios literarios y sobre todo, en su dimensión indoamericana. Para mí ha sido muy importante vincularme con una universidad que apuesta por la excelencia académica, la vinculación con el medio y la investigación. Gracias al equipo de trabajo en literatura y al decano Juan Manuel Fierro me he sentido muy apoyada para desarrollar mi carrera académica como investigadora y fomentar el liderazgo de nuestra área de literatura junto a Mabel García, José Rodríguez y todo el importante legado que nos ha dejado Luis de la Barra. Mi vínculo tiene que ver, por una parte con el fortalecimiento de nuestra área, la formación de programas de postgrado de calidad, así como también centros de investigación en literatura chilena, latinoamericana e indoamericana y, sin duda la  generación de investigaciones innovadoras en el campo del conocimiento de la literatura y la educación. Me interesa internacionalizar nuestra área gracias a la enorme riqueza y tradición que tiene la UFRO con el sello cultural de lo indoamericano, y específicamente, de lo mapuche.

Durante tu posdoctorado te relacionaste con los Estudios de género. ¿Cuál fue el principal motivo que te llevó a hacer un trabajo tan extenso respecto a la subjetividad de las mujeres a través de documentos privados, como las cartas?

Siempre me ha interesado la historia de las mujeres, sobre todo, de la mujer chilena desde su propia escritura. Temas como la subjetividad, la configuración del sujeto discursivo, los afectos, etc. han sido tópicos que han orientado mi trabajo hacia un interés meticuloso por el estudio de quienes fueron nuestras antecesoras y cómo funcionaba la escritura en sus contextos específicos de producción. El tema del género derivó como una consecuencia casi natural, de mi interés por la escritura producida por mujeres. Si bien mi trabajo “tan extenso” en torno a documentos privados constituye una manera de aproximarse al mundo femenino, no es un trabajo que se haya terminado. Para mí, este estudio es un trabajo siempre en proceso, que se va articulando de formas diversas, pero siempre con el foco en la mujer desde su propia escritura y a partir de sus particulares maneras de configurarse a sí misma y al mundo. Si tuviera que destacar un motivo principal  como motor de mis investigaciones sería la necesidad de despertar y tomar conciencia informada sobre la situación de la mujer a lo largo de la historia. Es necesario generar lectores atentos y una ciudadanía reflexiva en torno a las cuitas o aflicciones de la mujer desde sus contextos y experiencias transmitidas gracias a su quehacer literario.

De ese estudio surge el libro Las Afecciones de la carta, en él te refieres a la mujer del siglo XVIII y XIX como un sujeto doliente, debido a las problemáticas que enfrentaban las mujeres en esa época ¿Crees que esto ha cambiado en el siglo XXI? ¿Sigue siendo la mujer un sujeto doliente? 

Buena pregunta. Efectivamente el sujeto doliente es una propuesta de lectura que hago en mi libro a propósito de las cartas de sor Josefa de los Dolores Peña y Lillo y de Carmen Arriagada. Es una idea que se gesta tras un extenso trabajo de recopilación de cartas, análisis e interpretación de las mismas. Pienso que en el siglo XX y XXI la mujer sigue atravesando situaciones complejas de desventaja en la sociedad. Se ha vivido una lucha permanente por la adquisición de derechos fundamentales y por posicionarse en lugares de poder. Si bien, hay mujeres que han podido establecerse en lugares de privilegio y sacar la voz cuando ha sido imperioso hacerlo, aún queda mucho trabajo por hacer. En este sentido, la educación es un factor fundamental para mejorar situaciones de inequidad y para sortear de mejor manera los desafíos que impone la sociedad de hoy. El sujeto doliente es una herencia que compartimos las mujeres al ser hijas de la historia chilena, donde la mujer ha quedado rezagada en múltiples oportunidades, costándole el doble o el triple llegar a las mismas posiciones de los hombres. Sin embargo, siguiendo las ideas de Josefina Ludmer en su iluminador texto “Las  tretas del débil”, las mismas situaciones de desventaja o debilidad que ha sufrido la mujer, han servido para que esta las tome como oportunidades a su favor, utilizando el lenguaje de manera creativa, inteligente, y, sobre todo, estratégica. 

Sor Josefa de los Dolores Peña y Lillo y Carmen Arriagada, utilizaban las cartas como herramienta de liberación. Hoy se ha perdido la costumbre de escribir cartas. ¿Cuál crees tú que es hoy la herramienta de liberación de la mujer?

Hoy existen muchas más herramientas que en los siglos pasados para las mujeres. Ahora la mujer puede expresarse con más libertad que antes y de maneras más diversas. En el plano que me interesa, que es el literario, puedo señalar que la escritura de mujeres ha tenido un auge importante en el último tiempo tanto en Chile como a nivel mundial. Esto impulsa no solo a conocer más a las mujeres escritoras y sus mundos narrados sino que también es una buena señal de un momento productivo muy fructífero bajo la pluma de las mujeres. Hay talento, hay valentía y hay empoderamiento para decir qué se siente y piensa en los contextos que así lo requieren. La escritura siempre ha sido y seguirá siendo una herramienta de liberación ya sea de ataduras patriarcales como en los siglos pasados o como una forma de levantar y relevar la voz de la mujer en contextos de opresión tanto familiares, maritales, sociales, etc. Hoy más que nunca es necesario decir lo que se piensa sin miedo y con compromiso cívico, social pero también con nosotras mismas en cuanto a sujetos reflexivos y conscientes de nuestro quehacer en el mundo. 

¿Es posible recuperar la carta como género literario en estos tiempos? ¿Crees que este podría ser un desafío de La Academia?

La carta, como el cuento “El dinosaurio” de Monterroso, siempre ha estado ahí. Nunca se ha ido y nunca se irá. Es el típico debate de la vigencia de la radio cuando aparece la televisión, lo que pasa es que ahora hay formas alternativas a la carta vinculadas a la emergencia de los medios digitales, el uso del email, y de los medios masivos de comunicación en general. Sin embargo, el fin prevalece, hoy en día se escribe tanto o más que antes. El punto es que ya no se presta demasiada atención al cuidado en la escritura, se escribe como se escucha y no hay una preocupación por lo estético. Pienso que en ese sentido, la carta es un tremendo aporte tanto al conocimiento del lenguaje, la historia, la literatura y el discurso escrito. Foucault expresa que a través de una carta uno puede conocerse más a sí mismo porque la carta es un espejo de uno que se entrega a otro. Esa imagen de uno que posibilita la carta hace de esta un instrumento único para el conocimiento de la esfera de lo íntimo y de lo privado, factores que constituyen la micro-historia de los pueblos. El desafío de la Academia, y en especial del área de la literatura es abrirse hacia una visión más integradora de las producciones literarias, una apertura que implique una disposición hacia los estudios interdisciplinarios que enriquezcan las perspectivas de estudio de manera cooperativa, en vez de encapsularse en perspectivas cerradas que no den cuenta de una visión más abarcadora de los fenómenos de la escritura y la literatura de manera global. 

También has estudiado el desplazamiento experimentado por las mujeres Mapuche indígenas en Chile, trabajando con poesía ¿Cuál fue el principal resultado de este estudio?

El principal resultado es un proyecto algo ambicioso en el que estoy trabajando, es de tipo comparado e integrador. No voy a dar detalles del proyecto hasta que esté terminado pero lo que sí puedo adelantar es que se trata de una enorme y desafiante tarea. Entender y estudiar la poesía es en sí un proceso difícil pero hermoso y estimulante. Requiere bastante lucidez y pasión. Encontrarme con la poesía de mujeres mapuche ha sido un regalo y un descubrimiento. He ido aprendiendo otra epistemología y otra cosmovisión que nunca termina de emerger. Si en las cartas podemos acceder a la configuración de las subjetividad de las mujeres, en la poesía también hay formas de acercarse a estas construcciones de sujetos poéticos que revelan maneras de verse a sí mismos en relación al territorio y donde las consecuencias afectivas del desplazamiento arrojan piezas literarias magistrales y dignas de ser relevadas. 

Tengo entendido que fuiste a Cambridge a la Universidad de Harvard ¿Cuál fue el motivo de tu viaje?

Sí, en efecto, viajé a Cambridge, Massachussetts gracias al Fondo del Libro, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, así como también gracias al apoyo de la Universidad de La Frontera. Mi viaje a Harvard University se debió a la realización de una pasantía de investigación, con Doris Sommer, destacada académica del departamento de Lenguas y Literaturas Romances (RLL) de Harvard y directora de Agentes Culturales. Esta pasantía obedece a varias motivaciones, entre las cuales destaco mi interés por conocer de primera fuente un Programa innovador para la enseñanza de textos literarios complejos  denominado “Pre-Textos", el cual incorpora el arte y el pensamiento crítico en el aula para fomentar el interés por la lectura y la alfabetización o “literacy”. Las ventajas que tuvo tomar este curso en la Universidad de Harvard además de la enorme reputación internacional que tiene, guarda relación con la importancia de adquirir y conocer metodologías educativas de mucho valor para la enseñanza de la literatura. Estoy dictando un curso de Literatura Comparada y el próximo año espero dictar uno de Literatura Universal, para estudiantes de pre-grado, por lo mismo, quiero entregar a mis estudiantes los contenidos de los cursos atendiendo a las últimas metodologías que se proponen desde academias tan prestigiosas a nivel mundial como la norteamericana. También, me interesa difundir lo que aprendí en la Universidad de Harvard con mis colegas en Chile, especialmente, con docentes de escuelas vulnerables de la región de La Araucanía como también con los académicos de la Universidad de la Frontera.  

Claudia Palacios Arriagada

Facultad de Educación, Cs. Sociales y Humanidades