La enfermera y PhD Health Sciences por la Universidad de York, Inglaterra, lleva once años investigando sobre el acceso a la salud en población migrante, desarrollando un extenso trabajo investigativo, que la trajo a la Universidad de La Frontera en el marco del inicio del ciclo de coloquios que el Doctorado en Psicología ofrecerá el primer semestre académico del 2019.

El tema migratorio ha tomado una especial relevancia y, en los últimos dos años, las cifras se han elevado desde poco más de 700 mil personas a más de un millón, lo que representa aproximadamente el 6,6% de la población que habita Chile.

La profesional de salud comenta que su interés en este fenómeno se da porque “uno de los grupos que habitualmente son desfavorecidos en salud son los migrantes internacionales”. Frente a esto comenta que “si realmente existe interés en las desigualdades sociales en salud, se debe conocer el fenómeno migratorio”

La autora del libro “La migración internacional como determinante social de la salud en Chile” opina que “la migración sirve para investigar elementos muy primordiales de la existencia humana y de las relaciones entre las personas, que al final son las respuestas que crean -o las sociedades crean- a estos temas tan primordiales como son quién soy, a quién tengo al lado y si construyo puentes o murallas entre nosotros”.       

En tu trabajo pones énfasis en abordar esta problemática desde un punto de vista más humano que netamente productivo ¿Cuánto de eso se ve hoy en la atención a población vulnerable? ¿Cuál es la tarea de la investigación y la atención en salud respecto a este escenario?

Una de las cosas que más les incomoda a los equipos de salud es que cuando llega un migrante, no cumple necesariamente todas las reglas del juego del sistema, porque no las conoce, no las entiende, no le hace sentido en su cosmovisión particular y, como consecuencia de eso, algunas metas sanitarias se han echado a perder. El ingreso inicial a control prenatal en el sistema público dice que como meta el 80 por ciento de las mujeres embarazadas tiene que entrar a atención prenatal, que es un control mensual hasta que nace el bebé, antes de que tenga 12 o 14 semanas de embarazo. Eso se considera inicio precoz de atención prenatal.

Esa era una meta súper conquistada en salud por parte de las matronas en salud primaria, llegaron los migrantes y esa meta se deterioró porque las personas que venían de Haití o de Venezuela, Colombia, etcétera, no siempre tienen atención primaria en los sistemas de salud de sus países, mucho menos control natal. Entonces hay una tensión enorme entre lo humano y lo productivo, desde la lógica de un sistema de salud que debe responder a metas para mantener sus presupuestos y poder seguir atendiendo y también está la lógica de un cambio de cultura, que tensiona –a partir de sus propias creencias y prácticas- esto que ya estaba como ordenado.

Lo mismo pasa con el VIH. En Chile consideramos que habíamos conquistado el VIH y que ya no estaba en ningún rebrote de aumento, de epidemia, que estaba súper controlado y ahora viene un cambio de fenómeno migratorio, empiezan a ingresar personas de países cuyas prevalencias de enfermedades son más altas y vuelve a crearse esta tensión. Tanto es así que incluso algunas personas consideran que es culpa de los migrantes esto, cuando el fenómeno es mucho más complejo.

En Chile actualmente existen cerca de 300 mil personas migrantes en situación ilegal. ¿Cómo enfrentan ellos hoy sus temas de salud?

La inmensa mayoría de los que ingresan lo hacen como turista, que es la forma administrativa para ingresar y ellos no están en situación irregular, lo que pasa es que se les vencen a los tres meses, en ese momento inician su trámite y eso demora hasta un año, incluso más en algunos casos y en ese tiempo quedan como irregulares. Eso es porque administrativamente no pueden pedir antes su visa porque están como turistas. Hay problemáticas administrativas de cómo se está haciendo esto, que está creando estos vicios de irregularidad.

Para esos casos, en junio de 2015, en Chile se creó un resquicio administrativo que se llama Decreto 67 y lo que dice es que se va a permitir que toda persona que esté irregular, lo va a poder hacer a través de este decreto. La persona va atención primaria eventualmente y un trabajador social hace una calificación de derechos para saber si a la persona le correspondería o no aplicar el decreto y si corresponde, básicamente lo que la persona documenta es que vive en Chile, que su visa está en trámite o que está en situación de irregularidad y con eso el trabajador de la salud contacta a Fonasa y le pide un cupo. Se construyeron cupos Fonasa para Decreto 67 que todavía no se llenan completamente y se les da un número que actúa como si fuera un Rut falso para poder acceder al sistema de salud y poder existir. El migrante en situación irregular puede acceder al sistema de salud, puede inscribirse y atender a sus hijos, ir a atención dental, a psicólogo o atención de médico si es que lo necesita, con esto que se llama el Rut provisorio, mientras le llega el propio.

Eso fue el diseño teórico. El diseño práctico tiene dos fallas: una es la falta de información. Un montón de trabajadores de salud no saben que esto existe y no lo están aplicando, lamentablemente. La otra falla es de discriminación institucional, personas que sabiendo que existe dicen “yo veo que usted vive en Chile, que no tiene su carnet en la mano, pero además le voy a pedir que me traiga sus antecedentes de criminalidad” eso el Decreto 67 no lo dice, pero en la implementación local inventan estas cosas para ir construyendo murallas, porque dicen que no se lo van a dar a cualquier migrante, que tiene que ser uno que sea bueno, pero no le pedimos lo mismo a un delincuente chileno.

Tomando en cuenta esa falta de información y otras cosas, desde el punto de vista de las políticas públicas ¿Qué es lo que queda por hacer respecto del tema de la migración en salud?

Creo que podríamos estar de acuerdo en que lo que queda por hacer es inmenso, estamos recién partiendo. Pese a todos los esfuerzos que hay, como aprendizaje mío, es tomar conciencia de lo que demoran los procesos sociales. Si uno quiere transformar la realidad las cosas son difíciles, hay resistencia, oposición y hay que tener mucha paciencia para sacarlas adelante.

De todas maneras una de las tareas pendientes principales son informar, sensibilizar, bajar prejuicios y entrenar, cosa que –desde el mismo sistema de salud- haya una apertura, un interés por aprender y una buena disposición, donde yo no sienta que me embarran las metas, sino que cómo lo hago para que una persona se integre y además yo logre mis metas. Entonces se necesita un cambio de switch mental y ese cambio toma tiempo. Hay gente súper motivada que está sacando a pulso esto y hay trabajadores de salud extraordinarios, que yo admiro, en el norte, en la Región Metropolitana, que están sacando adelante esto con puro espíritu y corazón. Yo quiero honrarlos y decir que no todos los equipos de salud están en oposición, la mayoría quiere ayudar e integrar, pero muchas veces no saben cómo.

En el coloquio mencionaste que en otras áreas de investigación como en las Ciencias Sociales se ha tomado bastante el tema de la migración ¿Cuáles son los principales desafíos en salud?

Históricamente la Sociología o la Demografía, desde hace décadas, sino siglos, se hacen cargo del tema migratorio. Mucho de lo que yo hago en salud lo tomo de esas bases, pero en Chile en particular y en la región -respecto de otros sectores como vivienda, transporte, trabajo- yo diría que en salud no estamos tan mal. Hay otros que no están haciendo nada.

Hay tremendos desafíos, el tema del hacinamiento y la pobreza multidimensional, cómo tomarlo desde la informalidad en el trabajo. No sabemos nada, por lo menos hay algo de evidencia para uno poder hacer empuje. En otros sectores no sabemos ni siquiera qué está pasando, ahí estamos en ciego. En salud estamos empezando a abrir los ojos. En educación también se ha hecho harto, yo diría que en Chile educación y salud son los que más han hecho cosas, dejando de lado todo lo demográfico. En derechos humanos también se han hecho cosas, pero están más en el deber ser que en la práctica. Es importante tenerlo porque son nuestras referencias, pero en la práctica salud, educación, trabajo y vivienda son urgentes.

Se está dando recién el fenómeno de aumento notorio de la migración ¿En cuánto tiempo deberían haber ciertas luces para saber dónde ir o de indicadores para comenzar a investigar?  

El plan acción de la política de salud en migrantes propone que se empiece a implementar en 2019 y que se evalúen por primera vez el 2014. Concretamente el Ministerio de Salud está proponiéndose más de 40 metas específicas, con datos duros que van a evaluar cómo, de aquí a cinco años, hemos logrado transformar la realidad. Eso es súper concreto y es la primera política de algún sector respecto de migrantes, no hay una política de vivienda o de trabajo migratoria. La única política específica del sector público es esta. Hay acciones más operativas y estratégicas, pero no algo que integre como una gran política. Cada localidad, hospital o consultorio tiene sus propios esfuerzos y metas, peor en algún punto todos ellos deben alinearse a la política nacional.

 

Gabriel Vallejos Faúndez

Facultad de Educación, Cs. Sociales y Humanidades